
DEBAJO DEL ALQUITRÁN
Nos aprestamos, por tercera vez, a cumplir el procedimiento establecido en la Constitución para el nombramiento de las máximas autoridades en el poder judicial.
En varias oportunidades habíamos enfatizado que, en la pugna al interior del MAS por la candidatura para las elecciones generales de 2025, dos ámbitos cobran fundamental importancia: la querella por la sigla y el control de las organizaciones sociales “genuinas”.
El campo político en Bolivia ha sufrido, sobre todo en los últimos dos años, notables mutaciones. Nos referiremos acá a las ultimas reconfiguraciones. Sin embargo, antes, es necesario una breve contextualización.
Ciertamente, el sueño de Platón, cuando nace la ciudad (polis) —y con ella la política—, es el de los gobernantes filósofos y sabios ancianos. Por las grandes y únicas virtudes que poseen, sólo ellos podrían gestionar los complejos problemas y necesidades de la Polis.
Estas sublimes virtudes, como la justa razón, la sabiduría, la capacidad y fundamentalmente la honestidad, son los requisitos para ser gobernantes. Para Platón, ése era el gobierno ideal: el gobierno de los sabios.
Los balances políticos tratan siempre de interpretar los resultados que producen las decisiones adoptadas estratégicamente. Por ello, el balance, debe identificar réditos, ganancias y pérdidas. Veamos, entonces, en ese marco, el balance del último bloqueo de caminos que protagonizo Evo Morales y que mantuvo en vilo al país durante 16 días.
Desde el 22 de enero del 2010, han transcurrido 14 años de la implementación del Estado Plurinacional. Dicho sea de paso, no se inicia con la asunción de Evo Morales al poder, en enero de 2006. Nace y se inicia con la implementación de la nueva Constitución y con el primer Gobierno que surge de esa Constitución.
En política, cuando los antagonismos alcanzan grados extremos, siguiendo la lógica schmittiana, los adversarios se convierten en enemigos. Por ello, en la disputa por el poder, a los adversarios hay que derrotarlos y a los enemigos destruirlos. No hay margen para medias tintas, el enemigo no solo debe ser desarmado, sometido y reducido; sino eliminado.

