
RECUERDOS DEL PRESENTE
El agotamiento del gas natural era inevitable desde que el MAS sobreexplotó los campos productores y se sabía que llegaría el momento fatídico, pero lo que no se sabía es que iba a llegar poco a poco.
La noticia de que el ingenio azucarero de Bermejo deberá usar leña o bagazo de caña porque se quedó sin gas es el primer golpe de esta nueva realidad que pronto llegará a todo el país, incluso a los hogares.
La vocal Rosario Baptista, del TSE, insiste ahora en la necesidad de revisar el Padrón Electoral, después de haber alertado, en vano, sobre la existencia de más de un millón de votos ilegales en las elecciones de 2019 y de 2020.
Esto es un dolor de cabeza para el MAS y un jalón de orejas para quienes dicen ser opositores pero que reconocen a ese partido haber obtenido 53% de los votos en octubre de 2020.
El ministro de Justicia, Iván Lima, tendría que ser tomado como un ejemplo de dedicación que otros ministros deberían emular.
Lo único que falta es que alguien le explique mejor cuáles son sus tareas para que no siga dando golpes sin ton ni son, y su entrega sea útil para el país.
Se levanta muy temprano y se lanza a hacer lo que, en su criterio equivocado, es su responsabilidad, y lo hace con tanto esmero que es una envidia, pero también una lástima, porque es un esfuerzo al fósforo.
Se está poniendo de moda en América Latina la figura de los dictadores sin trono, operando desde las sombras, confiados en unos pupilos sumisos, sin personalidad, que les dejan hacer, quizá con la esperanza de que les llegará la hora de hacer lo mismo con otros.
La “estrategia” de crear un vacío constitucional, aplicada por los genios del MAS en noviembre de 2019, para que la democracia boliviana se rindiera y tuviera que llamar al cocalero que había fugado y devolverle la presidencia, resultó un desastre.
La autoría del fracaso no fue reivindicada por nadie, como ocurre con todos los fracasos, pero se sospecha que salió de los malos cálculos de un “doctor en economía” o de la mente de un exmilico expulsado del Ejército.
Nadie sabe, y poco importa, cómo está el cocalero Morales, o cómo avanza el bloque Choquehuanca, o si operan los luchistas entre los empleados públicos, pero todos los bolivianos quisieran saber quién está a cargo del país.
Ya se sabe que la idea es sancionar con penas de cárcel a quienes osaron ocupar los cargos públicos que, según el MAS, sólo pueden ser ocupados por los masistas, por derecho divino. Nadie puede suplantar a los masistas en esos cargos ni siquiera si los titulares hubieran huido como ratas dejándolos vacantes.
Unos venezolanos llegaron al país durante el primer gobierno del MAS y se adueñaron de todo lo que estaba a la vista, desde ferrocarriles hasta diarios, canales de Tv, aceiteras y también llegaron a abrir un banco e invertir en otros.
Los funcionarios de YPFB anuncian, con bombos y platillos, un contrato para exportar a Brasil 133.000 metros cúbicos de gas por día. Y esperan que se los aplauda.
Deberían saber que el gasoducto que ahora llevará ese volumen de gas tiene capacidad para 30 millones de metros cúbicos por día.
Según Álvaro Ríos, el volumen comprometido a la empresa MTG de Brasil equivale al gas que consume la fábrica de cemento de Viacha, y provocará un ingreso de entre 12 y 24 millones de dólares al año.
En vista de que, de veras, nos estamos quedando sin gas natural, el Gobierno ha decidido admitir que la política petrolera del MAS estaba equivocada porque ahuyentó las inversiones, pero ya es muy tarde; no hay remedio.
En Siglo 21 se lee que el propio Decio Oddone, que dirigió Petrobras-Bolivia cuando comenzaban las exportaciones, define a la “nacionalización” de 2006 como una farsa. La llama “forzado cambio de contratos”.
El anterior ministro de Gobierno boliviano que hizo un escándalo tan grande como ahora Arturo Murillo se llamaba Antonio Arguedas Mendieta. En 1967 viajó por tres continentes llevando consigo el diario del Che Guevara después de haber ocultado en su casa las manos amputadas del guerrillero.

