
LA CURVA RECTA
Las últimas semanas hemos vivido un ejercicio democrático que, aunque frustrante, no deja de ser positivo. Me refiero a la imposibilidad de elegir en la Asamblea Legislativa Plurinacional al próximo Defensor del Pueblo. La cosa se ha puesto difícil, porque en primera instancia el partido de gobierno, que tiene mayoría en la Asamblea, pero no los dos tercios que se requieren para hacer ese nombramiento, en realidad o no entiende las verdaderas funciones de un defensor del pueblo o las entiende muy bien, y por eso mismo no quiere tener uno.
La semana pasada ha sido una semana de gran luto: seis jóvenes bolivianos han muerto víctimas de mezquindades, negligencias y, en el caso de las cuatro universitarias de Potosí, de un acto de terrorismo cometido por unos imbéciles que eran sus compañeros de estudios. Estos acontecimientos tan duros no han permitido dar la visibilidad que merece a otro hecho, no luctuoso, pero tremendamente preocupante en relación a los derechos y libertades de las personas, que ha sucedido también la semana pasada.
La muerte del señor Aramayo ha causado una enorme indignación, curiosamente los más indignados son quienes no pertenecieron a su partido político y quienes ponen paños fríos, inclusive a sus conciencias, son quienes en algún momento le llamaban “hermano”, porque los del partido de gobierno así se tratan entre ellos.
Sabemos que el cristianismo no es el producto de las enseñanzas de Jesús de Nazaret consignadas en los cuatro evangelios, sino una construcción mucho más compleja ligada a planteamientos religiosos y filosóficos más antiguos y también más nuevos. También sabemos que el personaje central de los evangelios no puede ser considerado plenamente como un personaje histórico, aunque podemos inferir que si hay tantas referencias respecto a él, sí existió. Y que una parte de los hechos que se narran en los textos mencionados son verdaderos.
La semana pasada, y con el retraso que implicó lo más duro de la pandemia, se ha iniciado la etapa de presentación de alegatos de los litigantes en el sui géneris juicio en el que está involucrada la patria y es que, de alguna manera, se trata de aclarar si es también una verdad jurídica una netamente física, vale decir, que el agua corre de arriba hacia abajo, algo que descubren los niños muy temprano, aún antes de entrar al parvulario.
Aunque el mes de marzo me es entrañable porque personas que quiero mucho cumplen años en este mes, también me resulta antipático, eso por el bendito día 23, la fecha en la que Bolivia se rasga las vestiduras una y otra vez, recordando el heroico acto de Eduardo Abaroa tratando de defender la heredad patria durante la Guerra del Pacífico. En ese terrible año de 1879, hace 143 años. Hacer luto está bien, pero tampoco hay que exagerar.

