Balotaje cierra el ciclo del MAS y abre era multipartidista en Bolivia
El balotaje para la elección del próximo presidente de Bolivia entre los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Jorge Quiroga Ramírez cierra el ciclo de veinte años del Movimiento Al Socialismo (MAS) y abre el retorno al multipartidismo y una política exterior desideologizada,, señalaron analistas.
El modelo iniciado por Evo Morales en 2006 y sostenido con altibajos hasta la gestión de Luis Arce, llegó a su punto de inflexión definitivo. La primera vuelta electoral d no sólo dejó al MAS fuera del balotaje, sino que expuso un cambio estructural profundo en el electorado boliviano: más del 70 por ciento de los votantes optó por alternativas opuestas al legado del socialismo del siglo XXI,señaló el analista y comunicador Rafael Archondo.
Hoy, dos proyectos contrarios al modelo instaurado por el MAS compiten por la presidencia en una segunda vuelta que redefinirá el rumbo del país.
Archondo señala que “el electorado del MAS se ha reducido al 27 por ciento. El resto, una mayoría de dos tercios, está de acuerdo con cerrar este ciclo político”. Para él, este momento histórico no es un simple cambio de actores, sino el fin de una era marcada por la imposición ideológica, la centralización estatal y la hegemonía de un solo partido.
Archondo advierte que para consolidar este cambio no bastará un solo gobierno: “Se necesita una sucesión de gobiernos distintos al MAS que aseguren estabilidad a partir de una política renovada”. Esta política tendría como ejes la diversificación del modelo económico, el retorno al multipartidismo, una apertura a mercados internacionales y una política exterior desideologizada.
El politólogo Paul Coca da una mirada más estructural al momento actual. “En Bolivia, los ciclos políticos duran 20 años”, señala.
Así como el ciclo neoliberal gobernó de 1985 a 2005, el ciclo socialista que se inicia con Evo Morales en 2006 culmina ahora en 2025, bajo el peso de una profunda crisis estructural: económica, institucional, ambiental y social.
Generacional
Para Coca, el quiebre es también generacional. Este giro no sólo entierra al MAS como partido hegemónico, sino que jubila políticamente a toda una clase dirigente, tanto oficialista como opositora, que protagonizó la política boliviana desde los años 80. “La población ha votado para enterrar a varios políticos. Es un cambio transversal, no sólo ideológico”, dijo.
Coca prevé que el nuevo gobierno enfrentará una difícil ecuación: reducir el tamaño del Estado, controlar el déficit fiscal y reconstruir la gobernabilidad en un Congreso fragmentado, sin mayorías absolutas. Esto exigirá consensos, experiencia técnica y un ejercicio de poder responsable, alejado del caudillismo y del uso clientelar del aparato estatal.
En este marco, voces como la del expresidente Carlos Mesa abogan por reconstruir un sistema de partidos vigoroso, funcional a una democracia basada en el diálogo y la concertación. Mesa ha defendido que las alianzas entre fuerzas no deben verse como “negociados espurios”, sino como el corazón de la gobernabilidad democrática.
El analista e ivestigador Carlos Borth, por su parte, pone el énfasis en el agotamiento del “Estado Plurinacional” como paradigma político. Para él, el ciclo del MAS no sólo fue político sino también simbólico: “Fue un proceso que devino en autoritarismo, en el uso discrecional del aparato del Estado, en la subordinación de los poderes”. El nuevo ciclo, dice, debe apostar por una “reconstrucción democrática”, donde la independencia de poderes, la pluralidad partidaria y la transparencia sean ejes fundamentales.
¿Nueva etapa?
Borth plantea una pregunta clave: ¿Será el próximo gobierno apenas un puente hacia algo nuevo o el inicio de una nueva etapa con perfil propio? En cualquier caso, será un gobierno de transición hacia un nuevo modelo, cuyas características aún están en formación.
Otro elemento central del viraje político será la política exterior. Los expertos coinciden en que uno de los daños más profundos del ciclo del MAS fue la politización de las relaciones internacionales. La expulsión del embajador de Estados Unidos, el cierre de la USAID y el alineamiento automático con regímenes autoritarios, dejaron a Bolivia aislada y con pocas opciones de financiamiento internacional.
Borth insiste: “Las relaciones exteriores no deben basarse en afinidades ideológicas, sino en intereses nacionales”. Reconstruir los vínculos con potencias económicas y organismos multilaterales será una tarea clave para reactivar la inversión extranjera y abrir nuevos mercados.+
Lo más revelador de esta coyuntura es que ningún partido tiene hoy el control absoluto del poder. No hay hegemonía posible en el corto plazo, y eso, lejos de ser una debilidad, puede ser la gran fortaleza del nuevo ciclo. Bolivia se ve obligada a volver a la política de pactos, a un juego más democrático, aunque más complejo, donde el diálogo y la negociación sustituyan a la imposición, añade Borth.
Sin hegemonía
Ni el MAS, ni su modo de hacer política, parecen tener cabida en el nuevo ciclo. Pero tampoco hay espacio para un péndulo hacia un autoritarismo de derecha. En palabras de Archondo: “No vamos a caer en el otro extremo. No habrá una hegemonía de derecha. Es el retorno al equilibrio, a la pluralidad democrática”.
A juicio de Archondo, la segunda vuelta presidencial será más que una elección: será la ratificación del fin del ciclo masista y el inicio de una Bolivia distinta. Una Bolivia que, por primera vez en 20 años, deberá aprender a ser gobernada sin un partido dominante, sin un líder eterno, y con la necesidad urgente de reconstruirse desde las ruinas de un modelo agotado.
El desafío no es menor: estabilizar la economía, recomponer las instituciones, sanar la polarización social y ofrecer una visión de futuro que no dependa de caudillos, sino de acuerdos, técnica y responsabilidad. Si lo logra, Bolivia no sólo cerrará el ciclo del MAS, sino que comenzará a escribir un nuevo capítulo de madurez democrática, coincidieron los analistas.





















