
LA CURVA RECTA
Hay momentos en la vida en que quien aspira a mucho tiene que hacer pactos con el diablo, un poco eso le pasó a nuestro actual Presidente, asociarse a Edmand Lara, exitoso tiktokero, pero bastante errático en sus mensajes, más allá de que estos llegan y conmueven a buena parte de la población boliviana.
No puedo dejar de abandonar la sonrisa producto de mi felicidad de no ser gobernado por el MAS, sé que esta sensación es compartida por muchos, aunque puede ser que mis razones no sean las de otros, pero la posibilidad de que podamos armar una sociedad justa y racional está en el aire.
El 6 de agosto de este año se cumplieron 200 años de la creación de la República de Bolivar, que muy poco después pasó a llamarse Bolivia, más allá del llunkerío implícito en la elección de dar ese nombre al AltoPerú, (o a Charcas, para contentar a los que saben más de patrioterismo que de historia), lo cierto es que en ese momento se creó un ente político independiente de Lima y de Buenos Aires.
Me he enterado que la justicia ha fallado en favor de la demolición de la casa que albergó a la residencia de la embajada de Francia durante varias décadas. El barrio paceño de Obrajes pierde con eso una de las últimas casas que testimoniaban un pasado suburbano bello y feliz. No es la primera casa devorada por culpa del vil metal, y no será la última. Se unen en esta desgraciada empresa la necesidad, que tiene muchas veces cara de hereje, y la anguria desmedida de algunos.
Mañana se celebra la fundación de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, siempre he sentido más simpatía por esa fecha, el 20 de octubre, que por el 16 de Julio, y es que esa efeméride, me sabe un poco a 9 de abril, o a 20 de enero, vale decir, a un festejo ideológico, o partidario, un festejo que de seguro no fue unánime entre los pobladores de nuestra querida ciudad construida casi al pie del Illimani.
Existieron sociedades extremadamente discriminadoras. El racismo institucionalizado estadounidense, que fue recién desmontado en los años 70 del siglo pasado, es un buen ejemplo de ello. Las secuelas de ese racismo se viven hasta el día de hoy.
El imperio español fue mucho menos racista de lo que la leyenda negra cuenta, pero obviamente lo fue. El imperio incaico fue mucho más racista de lo que los indigenistas y los new wave de hoy quisieran admitir.
He estado el pasado fin de semana en la bella Machu Picchu, y me han tocado barullos, bloqueos tanto en la línea férrea, como en el puente que cruza el río para poder subir a las ruinas. Por suerte eso no ha impedido una placentera visita, dejé Machu Picchu en el último tren.
A otros no les fue tan bien, algunos tuvieron que caminar casi tres horas y luego hacer un viaje de varias horas para volver al Cusco, otros no pudieron llegar a Machu Picchu. Unos estaban muy frustrados, otros también muy molestos.
La jerga local llama autos chutos, a los coches que no tienen papeles de importación y por lo tanto tampoco tienen papeles de propiedad, Rodrigo Paz ha propuesto legalizar esos coches, que son aparentemente cientos de miles, y hasta el presidente del Senado de Chile ha echado el grito al cielo.
La propuesta sin embargo es una de las más sensatas que puede hacer un candidato presidencial, y tanto es así que hasta el único competidor de Rodrigo, Tuto, también ha ofrecido hacer lo propio.
Las sorpresas respecto de los resultados electorales no son una novedad en nuestro país, sucedió en el 2005, y en el 2020. Esta vez, el ganador de la jornada, Rodrigo Paz, había sido ignorado, porque posiblemente los formadores de opinión se ocuparon de los dos contrincantes con mayores posibilidades, y dejaron de lado al portador del carisma pazzamoriano, que había logrado una alianza que no solo ayudaba a restar apoyos al MAS, sino al capitán cochabambino.
Mi oficio, mi modo de vida me permiten no solo recorrer paisajes alejados del país, sino también entablar conversación con personas que viven en esos parajes.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de charlar con un joven que de alguna manera se podría catalogar como miembro de la generación Evo, no porque tuviera afinidades con el expresidente, sino por razones meramente generacionales, tenía casi 10 años cuando Evo subió al poder, y casi 25 cuando el expresidente fugó a México.

